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vendredi 20 avril 2007

Glosas críticas marginales
Glosas críticas marginales al artículo de Pepe Gutiérrez “Reflexiones en torno a la película sobre Salvador Puig Antich”

Respuesta de Sergi Rosés a Pepe Gutierrez En el artículo mencionado en el título, editado en la versión electrónica de la revista Sin permiso del mes de julio, y publicado también en internet en, al menos, Kaosenlared y Loquesomos, Pepe Gutiérrez hace una firme defensa de la película Salvador, de inminente estreno.

El compañero Txema Bofill ha calificado esta tenaz defensa de este producto comercial por parte de Gutiérrez como “defensa trotskista” : este calificativo es lo único que no comparto de su excelente exposición de las incoherencias en las que incurre Gutiérrez. No voy a repetir, pues, en esta respuesta los argumentos de Bofill, argumentos que comparto y que exponen contundentemente porqué la película Salvador es una falsificación histórica.

El motivo de este escrito es responder al párrafo que Gutiérrez me dedica en su artículo : ciertamente, una cuestión muy marginal en relación al tema central que supone la recuperación de Puig Antich por Mediapro. Pero a pesar de su marginalidad, muestra el grado de ceguera que está demostrando en este asunto Gutiérrez, que le hace caer en errores de bulto y también, desgraciadamente, en falsificaciones.

En un momento de su exposición en pro de la película Salvador, Gutiérrez dedica un largo párrafo -introducido más bien artificialmente- a mi estudio del MIL, que empieza con la declaración de que “afortunadamente existe un trabajo de campo […] que precisa bastante estas cosas” [del MIL], aunque inmediatamente dedica todo el párrafo a criticar mi libro en cinco puntos, a cual más ridículo, llegando incluso, desgraciadamente, a falsear en dos ocasiones los hechos en su argumentación. Uno se pregunta cuál hubiera sido su análisis si en vez de “afortunadamente”, mi libro existiera “desgraciadamente”. Veamos sus cinco puntos :

- Primer punto ; Gutiérrez escribe : “A mi juicio se trata de una investigación ciertamente minuciosa, pero a “vaso cerrado” sobre los contenidos ideológicos del grupo sobre el que el autor proyecta y reitera una singular caracterización : no se trataba de un grupo antifranquista”.

¿Investigación a “vaso cerrado” ? No, en absoluto fue a “vaso cerrado”, sino todo lo contrario. La historia oficial sobre el MIL nos repite hasta la saciedad que era un grupo anarquista que practicaba la lucha armada : eso es un “vaso cerrado”. La mía fue una investigación totalmente abierta, empeñada en descubrir las fuentes, las discusiones, las acciones y las producciones del MIL sin ningún prejuicio ni de iglesia ni de secta y con el materialismo histórico como único método de investigación. Y eso fue lo que me permitió desmontar mitos y mostrar cuáles eran los verdaderos parámetros –teóricos, que no ideológicos, como escribe Gutiérrez- del grupo. Yo no tengo la culpa de que el MIL fuera un grupo que no tenía nada que ver con toda la izquierda española, de que no participara en absoluto ni de sus premisas teóricas ni organizativas ni de su manera de intervenir en la lucha ; Gutiérrez se equivoca de puerta : debería llamar a la del MIL y exponerles sus quejas, explicarles que no puede ser que haya grupos que no sean antifranquistas.

En realidad es Gutiérrez el que tiene puestos sus anteojos ideológicos que le impiden comprender que existen otras opciones diferentes y opuestas a las típicas de la izquierda y la extrema izquierda. Y en su caso, eso es grave, porque él no es un periodista burgués sino un antiguo militante de una organización con vocación de revolucionaria. Gutiérrez puede no compartir los puntos de vista que critican el antifranquismo y el antifascismo, pero no los puede ignorar, afirmando que “es la primera vez que me encuentro con semejante distinción”. Gutiérrez debería saber que el MIL no inventó nada ahí, en esa posición anticapitalista que no pasaba por el antifranquismo, que esas políticas ya fueron propugnadas en los años 30 y no solamente por los grupos consejistas sino también incluso por grupos leninistas como los bordiguistas, que mantuvieron una actitud intransigentemente anticapitalista sin comulgar con el antifascismo. Esa es la posición que recogió el MIL y que le permitió oponerse a todo el edificio del capital, y no sólo a su régimen dictatorial franquista, como propugna el antifranquismo ; para el MIL, el antifranquismo no sería más que una repetición del antifascismo. Una cosa es compartir o no esta posición, y otra sorprenderse de que exista : pues sí, resulta que tal posición existe, y le recomiendo a Gutiérrez que (re)lea los escritos de Trotsky sobre España, donde verá que éste ciertamente ataca las posiciones ultraizquierdistas respecto a la cuestión del antifascismo, pero que no ignora su existencia.

- Segundo punto ; Gutiérrez escribe : “Rosés insiste en las fuentes consejistas del grupo, pero las restringe a su expresión última, concretamente a las relaciones de Solé [sic] Amigó con Jean Barrot”.

¿Restringir ? Yo no restrinjo nada, al contrario, muestro cómo los del MIL no solamente leyeron a los “clásicos consejistas” sino que además decidieron publicarlos (y en algunos casos, lo pudieron realmente hacer, como con Pannekoek o Canne-Meijer). La frase de Gutiérrez es, como mínimo, ambígua : tal como está escrita, lo que dice literalmente es que yo hablo de que las fuentes consejistas del MIL son muchas pero que sólo he estudiado, o resaltado, a La Vieille Taupe. En realidad el tema es que los del MIL conocieron básicamente a los consejistas (y a otros marxistas “heterodoxos”) a través de La Vieille Taupe, y que es con ellos básicamente con quienes establecieron las discusiones sobre el comunismo y la organización, y no con otros grupos consejistas ; eso no es restringir, sino mostrar que las fuentes teóricas fueron muchas (no hace falta más que leer la lista de autores que editaron, o los que ellos mismos mencionaron en los prólogos a sus principales textos teóricos) pero que los “proveedores” de esas fuentes y los compañeros de discusión muchos menos. Además, la sintonía con La Vieille Taupe no significó comunión absoluta : los del MIL también tenían sus diferencias importantes con ellos, que Gutiérrez ha preferido obviar en su frase.

- Tercer punto ; Gutiérrez escribe : “Zero-ZYX, una editorial proveniente de la Iglesia católica cuyo grupo militante se llamaría Liberación […] y en ningún momento la sitúa [Rosés] en la historia de su procedencia [del MIL]”

Con este tercer punto, y hasta el quinto y final, Gutiérrez deja el terreno de las objeciones teórico-políticas y entra en el de los ataques sin ton ni son en cuestiones de puro detalle, con objeciones que además de ridículas son falsas en dos de los tres casos. Es triste ver que Gutiérrez tenga que hilar tan fino para poder encontrar críticas a mi libro, pero más triste es ver que además estas críticas se le giran en contra. Éste es uno de esos dos casos de afirmaciones falsas por parte de Gutiérrez : dice que “en ningún momento” situé a Zero/Zyx “en la historia de [la] procedencia” del MIL ; pues bien, esto es lo que yo escribí en mi libro :

“Las traducciones son de clásicos del marxismo consejista, algunas de las cuales se hacen aprovechando los trabajos que Santi Soler e Ignasi Solé habían hecho durante el año anterior para la editorial y distribuidora Zero/Zyx (31) (p. 88)”

[nota 31] “Un resumen de las relaciones entre Santi Soler e Ignasi Solé con la editorial Zero/Zyx se encuentra en una carta del grupo de Barcelona a La Vieille Taupe del 27 de noviembre de 1971 (CDHS). En ésta se explica la negativa de la editorial (definida en la carta como de “carácter clerical-anarco-marxista”) a publicar los textos preparados por ellos, que iban desde clásicos del marxismo hasta las huelgas de Polonia, pasando por la insurrección de Kronstadt. La aparición de un libro sobre esta insurrección que no tenía nada que ver con lo pactado con Santi Soler e Ignasi Solé significará la definitiva ruptura con la editorial. Esta ruptura impedirá además la edición en este momento de Lenin filósofo, de Pannekoek, que el ET ofreció para publicar legalmente primero a Zero-Zyx y después a la editorial Alberto Corazón, haciendo la traducción (posteriormente, en 1976, Zero-Zyx editará esta obra). […]” (p. 116)

Como se puede comprobar, hablo claramente de la editorial y la sitúo en su contexto y en su relación respecto al MIL, relación que sí existió en el principio del MIL (no en el sentido de “línea genealógica”, sino en el de las relaciones frustradas, como se acaba de mostrar). La objeción de Gutiérrez es una falsedad que no se mantiene por ningún lado.

- Cuarto punto ; Gutiérrez escribe : “Por ejemplo, [Rosés] se refiere con admiración a la figura de Otto Rühle, pero en ningún momento precisa que éste fue el compañero de Karl Liebknecht en el “No” a los créditos de guerra en el Reistag [sic] el 4 de agosto de 1914, que fue uno de los líderes del Partido Comunista alemán, o que tomó parte en la Comisión Dewey que juzgó a León Trotsky por las imputaciones que le hacían en los “procesos de Moscú. Rühle preparó una edición abreviada de El Capital que prologó Trotsky, y de la cual hay una traducción castellana en Losada de principios de los años cuarenta, luego varias veces reeditada.”

Este punto me dejó absolutamente perplejo. En primer lugar Gutiérrez se vuelve a equivocar al iniciar su crítica, pues comienza diciendo que me refiero “con admiración a la figura de Otto Rühle” ¿dónde ? ¿ha leído realmente Gutiérrez mi libro, o sólo ha hecho una pasada en diagonal de algunas páginas ? ¿cuántas veces y en relación a qué sale mencionado Rühle en mi trabajo ? Rühle sólo aparece citado tres veces en mi libro ; que juzgue el lector si lo hago con admiración o sólo como exposición objetiva :

“Esta tarea de ”clarificación del pensamiento comunista” y de “provocación y agitación” debía realizarse mediante la edición de textos que cubriesen cinco temáticas : 1) clásicos conocidos : Lafargue, Trotsky, Marx ; 2) clásicos desconocidos : bordiguistas -izquierda italiana, Invariance-, consejistas -ICO, Pannekoek, Rühle- (p. 135)”

“Otto Rühle había tenido menos suerte, ya que sólo había aparecido su estudio sobre psicología infantil El alma del niño proletario en el año 1932 por Espasa-Calpe, pero ninguno de sus escritos políticos (p. 230)”

y la tercera vez es en una nota (p. 113) que contiene una cita literal del prólogo de un texto del propio MIL, donde se le menciona junto a otros muchos autores : ¿donde está la admiración ? ¿por qué Gutiérrez escribe falsedades ?

Pero vayamos al meollo de su crítica : ¿justifican estas tres apariciones de Rühle en mi trabajo la demostración de erudición que Gutiérrez desea que hagamos ? ¿por qué no hacer también una biografía de todos y cada uno de los autores citados en mi libro, y no sólo la de Rühle ? ¿cree Gutiérrez realmente que debo hacer una mini-biografía de Rühle en una historia del MIL, remontándome al 4 de agosto de 1914 y acabando con su papel en la Comisión Dewey ? ¿para qué ? Eso sería una exhibición de erudición académica, pero absolutamente intrascendente para alguien que quiera conocer la historia del MIL.

No tengo ningún reparo en escribir sobre Rühle, es más, espero realmente poder hacerlo algún día, pero la información histórica que encuentra a faltar Gutiérrez es excesiva en un libro sobre el MIL, donde la información sobre Rühle, si apareciera, debería referirse en todo caso a su aportación teórica. Una información con la que tanto ruido hace Gutiérrez sería importante en un recopilatorio que contuviera escritos de Rühle, o en un libro donde Rühle jugara un papel, como por ejemplo, en una biografía de Trotsky, es decir, en un libro como el que el mismo Gutiérrez escribió (Conocer Trotsky y su obra. Barcelona : Dopesa, 1979) ¡y en el que Otto Rühle no sale mencionado ni una sola vez ! Gutiérrez pretende que hagamos lo que él sí debería haber hecho hace casi treinta años, sólo que en su caso eso era pertinente hacerlo y en el nuestro es innecesario ¿puede Gutiérrez explicar su silencio de entonces y su exigencia de ahora ?

Una mentira y una desfachatez : la crítica sobre Rühle lanzada contra mí por Gutiérrez le ha rebotado como un boomerang, pero además por partida doble…

- Quinto punto ; Gutiérrez escribe : “Rosés (al igual que Tolosa) dedica especial atención al grupo Acción comunista (AC) en el que se inició Solé [sic] Amigó, pero al entrar en su historia su extravío no es muy diferente al de Escribano. Dos detalles : Solé [sic] Amigo [sic] afirma que en AC se daba una corriente del trotskismo lambertista, cuando en realidad es que el grupo rector de AC se distanciaba del trotskismo justamente por sus componentes más “fundamentalistas”, y el furor “bolchevique” de Lambert les producía tiricia” ; y sigue después con otra corrección a Escribano sobre AC.

No he podido localizar ahora la fuente que me permitió hablar de una corriente lambertista en AC, no dispongo de todos los documentos que utilicé para escribir mi libro permanentemente a mi disposición. Es bastante posible que Gutiérrez tenga razón en lo que dice, pues le supongo un buen conocedor de los grupos trotskistas y “trotskistizantes” españoles de los años 60 y 70 y, si así fuera, públicamente le agradezco la enmienda. Pero en realidad ¿qué pretende mostrar Gutiérrez aquí ? Esta crítica en realidad intenta igualar el trabajo de Escribano y el mío a partir del hecho de que los dos tendríamos un error de detalle al tratar sobre AC, organización en la que militaron dos de las personas que después formarían parte del MIL : el corolario sería que no podemos ser excesivamente críticos con la obra de Escribano dado que yo también fallo en algunos detalles.

Esta comparación con Compte enrere/Cuenta atrás es, digámoslo suavemente, excesiva, pues Gutiérrez sabe bien que el trabajo de Escribano y el mío son de muy diferente factura : un intento más de salvar la cara a la credibilidad de la obra que sirve de base al guión de Salvador a partir de un detalle secundario de mi trabajo. Si eso le vale la pena a Gutiérrez… ¡Ah ! Y es muy curioso su lapsus en este punto, al reconvertirme en Santi Soler…

Acabo ya. Sorpresa, incredulidad y sobretodo pena nos ha producido la lectura del largo párrafo que Gutiérrez me ha dedicado. Se ha empeñado tanto en la defensa de la película Salvador, y se ha cegado tanto por hacerlo, que ha pensado que le vendría bien a su arsenal poder encontrar fallos a mi libro, dado que públicamente me he manifestado en contra de la falsificación histórica que supone la película Salvador : Es difícil corregir las falsificaciones de una película que ya está a punto de estrenarse y que el Equipo Boicot a Mediapro ha hecho públicas (www.paremoslapeliculasalvador.org), así que Gutiérrez parece haber pensado que, para ocultarlos o relativizarlos, una buena defensa sería mostrar los pretendidos errores de un historiador que critica la película. Sin embargo, el caso es que ha leído con tanta prisa mi libro que sólo ha podido seguir lo que le marcaban sus propias orejeras, que le han llevado incluso a las afirmaciones falsas. Desde aquí invitamos a Gutiérrez, con responsabilidades importantes en la Fundació Andreu Nin, a que se (re)lea las dos líneas que el boletín electrónico de esa fundación dedicó a mi libro cuando se editó…

Gutiérrez ha escrito cosas interesantes en el pasado, y posiblemente todavía pueda hacerlo en el futuro. Lo que está claro es que justificar un film comercial, falsificador y adoctrinador como Salvador no sólo es una tarea imposible, sino que además hace escribir ridículas barbaridades. Compañero Gutiérrez, de verdad, recapacita.

Sergi Rosés Cordovilla 8 de Septiembre del 2006