SUMARIO | El MIL, GAC, Mayo 37: documentos publicos | 1973


lundi 25 juin 2007

Lenin y la revolución rusa
ANTON CILIGA

prologo de Edicciones MAYO 37

Ciudadano italiano por el Tratado de Versalles, pero croata de origen y corazón ; Antonio Ciliga participó en la lucha de los progresistas de Yugoslavia contra la opresión de los Karageorgevitch. Miembro del partido comunista yugoslavo, no tardó en llegar a ser uno de sus jefes. Llegado a ser miembro del Politburó del Comité Central del PC yugoslavo, fue distinguido por el Estado Mayor del Komintern, que le confió la dirección de la lucha revolucionaria en Europa Central. Instalado en Viena, Ciliga puso su vida en juego cada vez que era necesario, y no fue de los que confían a otros las tareas que serían incapaces de ejecutar ellos mismos.

Asombrado, sorprendido, inquieto, trastornado por la política que seguía la I Internacional [sic] en los asuntos yugoslavos, Ciliga no vaciló en ir “contra corriente” llegando a ser partidario de la oposición de izquierdas en el plano internacional (trotskismo).

En 1927, fue llamado a Moscú, a la dirección central del Komitern [sic]. Entonces era uno de los principales dirigentes de la fracción de Izquierdas del PC yugoslavo, y su partido lo alejó de la lucha de fracciones. Instalado en el corazón del Komitern, Ciliga no tardó en darse cuenta de que la lucha de la oposición de izquierdas era una lucha internacional contra la dirección estalinista, y no solamente válida para su propio país como lo había creído hasta entonces.

Con la mayor determinación, pero también con el sentimiento más profundo, Ciliga comprendió que le era necesario llevar una lucha revolucionaria clandestina en los países de la dictadura del proletariado. A pesar de los servicios hechos y los peligros de muerte que había corrido para la III Internacional, Ciliga fue víctima de la represión policial y debía entrar desde entonces en el ciclo infernal de los militantes políticos que rechazan inclinarse ante la autocracia estalinista.

Juzgado en la prisión de Leningrado por el Colegio especial de la G.P.U sin haber sido escuchado, Ciliga fue encarcelado por largos años en el aislador de Vierkhnie-Ouralsk reservado a los prisioneros de talla. Luego sería deportado a Siberia.

En su obra explicó sus recuerdos, sus dudas y sus luchas. En el silencio del calabozo, Ciliga meditó largamente sobre sobre la experiencia revolucionaria rusa. Había aceptado las consignas del Komintern, había luchado con fervor por la emancipación de la clase obrera, y el resultado fue la pérdida de la libertad.

Ciliga se esforzó en comprender por qué la clase obrera, que había sacudido sus cadenas y que estaba sobre el camino de la emancipación total en 1917, era sierva más que nunca en 1927. Y terminó con la conclusión de que el leninismo lleva en él los gérmenes inevitables de la descomposición. Los hechos le demostraron que un “retorno a las fuentes” del bolchevismo no era lo que le podía enderezar esta situación desesperada. Los trotskistas no son más que estalinistas que no han tenido éxito.

Ciliga es uno de los primeros militantes que ha concebido la necesidad de una filosofía revolucionaria nueva. Es uno de los primeros que nos expone las razones por las que nos es necesario para siempre –cualquier dolor de algunos de entre nosotros que lo experimentan- separarnos de la “leyenda de Lenin”. El leninismo ha terminado en un declarado fascismo bolchevique, -en el comunismo-fascismo.

Es necesario persuadir a las masas para que éstas no se pierdan en un camino ideológico que termine en un abominable callejón sin salida.

La tarea revolucionaria más urgente en el momento actual consiste en principio, en desembarazarnos de los oropeles floridos de una ideología moribunda. Nos es necesario destruir antes de construir, pensando en la frase de Bakunin : “la destrucción es creadora”


Lenin y la rev.rusa (1 parte)
Lenin y la rev. rusa (2 parte)